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sábado, 27 de septiembre de 2025

¿Libre mercado o socialismo?

¿Es posible crear riqueza simplemente moviendo el dinero de un bolsillo a otro?

Un debate imaginario entre dos economistas:



domingo, 27 de agosto de 2017

¿Sano o malsano?

Recuerdo vagamente que, allá por los años 70, algunas publicaciones empezaron a 'informar' de estudios científicos que indicaban que el aceite de oliva era nefasto para la salud. Eran los tiempos en que el mundo se encaminaba todavía hacia una glaciación, y sólo diez años antes muchos médicos habían instalado en sus consultas aparatos de rayos X para atisbar mejor las interioridades de los pacientes. A mí me metieron varias veces en uno de aquellos aparatos, durante periodos de tiempo que hoy estarían considerados alarmantes.

Un día, mi médico de cabecera se puso un peto de protección para examinarme por rayos X, y algún tiempo después el aparato había desaparecido de la consulta. Aquel médico no vivió muchos años, y apostaría a que no fue el único de los que se fiaron de los 'avances' de la medicina.

Cuando yo era niño, las moscas y los mosquitos los combatíamos con DDT. Mi madre rociaba la habitación usando un pulverizador que había que accionar empujando un émbolo en su parte trasera, y las moscas caían.. como moscas. Todos los objetos de la habitación quedaban impregnados de DDT, y el depósito del insecticida, que había que rellenar de cuando en cuando, solía rezumar DDT, que iba a parar a nuestras manos, sin que nadie corriera inmediatamente a lavárselas con celo de cirujano.

De hecho, algún que otro barman de Estados Unidos añadía DDT a ciertos cócteles para darles un toque exótico. Nunca tuve noticia de intoxicaciones por DDT, y en muchos países de Africa y Asia aquel insecticida había conseguido erradicar o reducir radicalmente el paludismo.

Hasta que, un día, los primeros ecologistas descubrieron inesperadamente DDT en la grasa de no sé qué focas del Polo Norte. Las focas se encontraban estupendamente, pero se consideró que el hallazgo era deletéreo para la especie humana, y la Organización Mundial de la Salud recomendó enérgicamente (es decir, metiendo mucho miedo) dejar de usar el DDT. En pocos años, el paludismo recuperó el terreno perdido, y gracias a la OMS muchos millones de seres humanos han muerto desde entonces por falta de DDT.

A medida que las Universidades se han ido burocratizando y convirtiendo a sus investigadores en simples paniaguados, el fenómeno de la ciencia de pacotilla ha ido en aumento. El científico paniaguado está obligado a publicar cuantos más artículos mejor, y a menudo tiene que estrujarse las meninges para encontrar un tema que revista al menos la apariencia de avance científico. Un truco habitual para dar a los artículos apariencia científica consiste en buscarles un título pomposo, trufado de palabras abstrusas que en realidad designan conceptos absolutamente banales. Otro truco también muy usado son los estudios estadísticos.

Para entender mejor este último truco, consideremos un ejemplo imaginario: De una muestra de 500 sujetos que viajan diariamente en autobús, un 57 por ciento declara estar más satisfecho de su vida sexual en una escala de 1 a 10. Conclusión: viajar en autobús podría estimular el deseo sexual. El estudio, realizado en el marco de una universidad prestigiosa, es publicado por una prestigiosa publicación científica, y gracias a ello el investigador paniaguado está ya un poquito más cerca de su ascenso en el escalafón.

Pero la historia no se acaba ahí. Los periodistas, ávidos de historias sensacionalistas, encuentran el artículo rastreando la Web y se apresuran a publicarlo, convenientemente 'adaptado' para despertar el interés de los lectores. Seguidamente, los lectores relatan a su manera la historia en su página de facebook, y el proceso se reproduce en las redes sociales. En poco tiempo, lo que había empezado siendo una investigación estúpida se acaba convirtiendo en un artículo de fe para millones de imbéciles sin la menor cultura ni -lo que es peor- el menor espíritu crítico.

Un momento. Tampoco aquí acaba la historia, porque las compañías de transporte por autobús y los fabricantes de autobuses acaban de descubrir un argumento excelente para hacerse publicidad. Es más, no contentos con proclamar los resultados de la investigación, deciden crear una fundación que estudie los efectos del viaje en autobús sobre la libido humana. Como ya se imaginará usted, los investigadores de esa fundación difícilmente llegarán a la conclusión 'científica' de que el autobús favorece la frigidez. Les va en ello el pan de sus hijos. En todos los estudios estadísticos hay muchos parámetros que combinar de modo que el resultado final sea el que uno espera.

Lo que acabo de describir es más o menos lo que sucede con el cambio climático, el colesterol, la ingesta de grandes cantidades de agua, el aceite de oliva, los edulcorantes, los productos 'ecológicos', la leche entera, los alimentos 'enriquecidos', y un enorme etcétera que todos los días aumenta exponencialmente.

El arroz integral es muy bueno para el intestino, pero contiene arsénicos. Las proteínas son indispensables para los músculos, pero su supresión en la dieta alarga la vida. El chocolate alivia la depresión, pero engorda. Los quesos son malos para la circulación, pero el país europeo con mayor esperanza de vida es Francia. Y, en términos mundiales, la población del planeta con mayor esperanza de vida ni siquiera prueba el aceite de oliva. Hace años, los huevos aumentaban la concentración de colesterol en la sangre. Hoy, son inocuos. Según unos autores, el fluoruro en el agua es bueno; según otros, es malo. Investigue usted un poco en Google Scholar, y podrá alargar esta lista hasta que se le acaben los alimentos.

Como muestra de todo esto, he reunido unos cuantos datos sobre algunos de los mitos actuales más extendidos. Siga usted leyendo.

El agua

Tan inocua en apariencia, tan saludable según las embotelladoras (y sus acólitos de la universidad y de la prensa), resulta que el consumo abundante de agua se ha llevado ya por delante ya a más de un infeliz creyente. Según el estudio 'científico' que uno escoja, beber mucha agua:

- Adelgaza y mejora la concentración mental
- No sirve para adelgazar y disminuye la concentración mental
- Sanea los riñones
- Perjudica los riñones forzando las funciones de los glomérulos renales
- Contiene sustancias esterilizantes dañinas para la salud
- Puede causar hiponatremia (dilución del sodio en la sangre): vómitos, desorientación y jaquecas
(El actor Anthony Andrews murió en 2003 por beber agua en grandes cantidades)
- Aumenta el volumen de la sangre, sometiendo al corazón a un esfuerzo innecesario
- Diluye los electrolitos en sangre, causando inflamación celular y trastornos estomacales
- En particular, puede causar la inflamación del cerebro, con graves consecuencias
- Altera también la concentración de potasio en la sangre, que es causa de inflamaciones y dolores

Los huevos

- Comer un huevo al día no altera la concentración de colesterol en la sangre
- La yema de huevo contiene una plétora de nutrientes, desde vitaminas hasta yodo, calcio y hierro
- Comer huevos favorece la actividad cerebral
- El selenio que contienen los huevos es beneficioso para la glándula tiroides
- Fortalecen el cabello y son buenos para la vista
- Ayudan a prevenir el cáncer de mama, y posiblemente la enfermedad de Alzheimer
- Fortalecen los huesos y el sistema inmunitario

Los aceites y grasas

- Las grasas saturadas podrían ser buenas para la salud
- La mantequilla protege el estómago
- Los triglicéridos del aceite de coco son buenos para quemar grasas
- Dos cucharadas de aceite de oliva contienen más del triple de grasas saturadas que 80 g de pechuga de pollo
- Según un estudio efectuado en Creta, los enfermos del corazón estudiados ingerían mucho más aceite de oliva que los de corazón sano
- Según un estudio basado en 90 000 enfermeras, el consumo de aceite de oliva apenas mejoró la salud de sus consumidoras
- Según dos estudios diferentes, el consumo de aceite de oliva constriñe notablemente las arterias
- Una ración de lechuga contiene tantos polifenoles como una de aceite de oliva virgen, y no engorda
- Los habitantes de Okinawa, que poseen el corazón más sano del mundo, tienen unos niveles de colesterol 'bueno' lamentables

Supongo que no es necesario seguir. ¿Le ha parecido interesante? Pues saque usted mismo sus conclusiones. Y, por favor, cultive su sentido crítico. La dignidad humana consiste, en parte, en no dejarse engañar.


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miércoles, 2 de agosto de 2017

La caja fuerte

Después de treinta y cinco años de oficio la burocracia no tenía secretos para él. Había trabajado en todos los negociados de todos los ministerios, había acumulado pluses, prebendas, trienios y menciones honoríficas, y era capaz de leer -¡y hasta de entender!- la letra pequeña de todas las cláusulas contractuales. Había participado en intrigas de cafetería y en linchamientos verbales bajo la luz mortecina de los despachos, y había concebido y puesto en práctica sofisticadas maniobras para ascender por el escalafón a costa de los más débiles. Y, lo más meritorio de todo, había salido indemne.

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domingo, 10 de marzo de 2013

El lapicero

Enhorabuena. El lapicero que acaba usted de adquirir es un producto de la máxima calidad. Lea detenidamente las instrucciones de uso. Al comprar este artículo ha declarado usted su conformidad con las cláusulas de la licencia de usuario adjunta (27 páginas), en cumplimiento de la directiva ZZM56/2012 de la Unión Europea.

ADVERTENCIA

Contiene grafito. Mantener fuera del alcance de los niños. No ingerir. No introducir en el microondas. Aunque este lapicero no supera el nivel de grafito máximo admisible establecido por la Organización Mundial de la Salud, se recomienda no utilizarlo durante más de 100 horas anuales. Si accidentalmente se rompiera la mina, no la toque con los dedos y deséchela en un contenedor apropiado. Varios estudios científicos han evidenciado un aumento significativo (0.00001%) del nivel de grafito en las agallas de los salmonetes del Estrecho de Bering desde 1903.

Contiene lacas. Contiene pigmentos sólidos. Evite el contacto de las lacas con los labios, la lengua, los ojos y otras partes del cuerpo sensibles. No morder. Si el lapicero permanece más de tres días en un lugar cerrado, ventile frecuentemente el recinto. Utilice el lapicero únicamente conforme a las instrucciones del Manual de Usuario. El fabricante no se hace responsable de los accidentes a que pudiera dar lugar su utilización incorrecta.

Este lapicero es un producto apto para zurdos (directiva MMX45J/07 de la UE). Está fabricado exclusivamente con madera ecológica y biodegradable (norma BG77910/98 de la Comisión Europea y recomendación 444OFR36 de la OMS). Evite el contacto de la mina con los ojos, la nariz y los oídos. Si accidentalmente ingiriera usted un trozo de la mina, consulte a su médico.

No romper. Las astillas del lapicero roto pueden causarle lesiones. Si accidentalmente las astillas ocasionaran alguna lesión en su piel, consulte a su médico. No introducir el extremo del lapicero en las tomas de corriente. El grafito es conductor de la electricidad. Para evitar cualquier accidente relacionado con la corriente eléctrica, utilice siempre un calzado con suelas aislantes.

Este artículo no es lavable. En contacto con los tejidos puede dejar marcas difíciles de eliminar. Si desea difuminar un trazo marcado con el lapicero, proteja sus dedos previamente con guantes de látex. Para borrar los trazos, utilice siempre una goma de borrar apropiada (directiva HHH666j/87 de la UE) fabricada con material biodegradable. Deseche los restos de la goma de borrar en el contenedor adecuado para ello.

No utilice nunca cuchillos, cuchillas, cutters, hojas de afeitar u otros objetos cortantes para afilar el lapicero. Utilice siempre sacapuntas conformes a la directiva GGHUYmmxZ877/35.bis de la UE. El fabricante no se hace responsable de los desperfectos ocasionados por la utilización de un afilalápices inadecuado o defectuoso. El uso de objetos cortantes puede causar lesiones en su piel. Si su piel se lesiona, consulte a su médico.

Muchas gracias por su compra. Le deseamos una feliz escritura.

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viernes, 25 de mayo de 2012

Al otro lado de la curva

Como saben en Haití, Chile y Japón, el descubrimiento, hace ya casi un siglo, de las placas tectónicas de la litosfera terrestre no ha hecho más fácil predecir los terremotos. La vulcanología, en cambio, sí ha hecho modestos avances en el último medio siglo. Es confortante saber que, aunque la tierra pueda seguir sacudiendo nuestras ciudades sin avisar, tal vez podamos evitar que la lava rugiente que arroje nos caiga encima.

Igual que sucede en geología, es muy difícil predecir el curso de la Historia. Aunque seamos capaces de identificar los contornos de los grandes bloques geográficos en que se agrupan los seres humanos, difícilmente podremos predecir cuándo, o dónde exactamente, va a sobrevenir un seísmo histórico. Nuestro único consuelo es que, como en vulcanología, si somos suficientemente perspicaces tal vez podamos evitar que la lava del próximo volcán nos queme los calcetines.

Apenas iniciada la reciente curva histórica, que nos podría conducir de regreso a la Edad Media, es muy difícil adivinar su trazado, en parte porque siempre hay un elemento aleatorio en los grandes movimientos humanos. Pero es tentador tratar de adivinar sus contornos a medida que nos internamos en ella, como el conductor que se enfrenta a una carretera sinuosa y desconocida.

A escala histórica, son tantas las cosas que han sucedido desde la caída del Muro que, según la perspectiva que uno adopte, casi cualquier cosa podría suceder. Hay demasiados árboles para saber dónde comienza el bosque. Empezamos a ser muchos los que pensamos que la Unión Europea ha fracasado y, en cualquier caso, la idea parece cada día menos descabellada. Pero ¿cuál será el desenlace de esta lenta caída a los infiernos? ¿Realmente desaparecerá la UE? Al fin y al cabo, también en Estados Unidos hubo antaño una gran depresión, y el país consiguió recuperarse.

Hay quien argumenta que la salida de la gran depresión fue posible gracias a la catarsis de la segunda guerra mundial. Las sociedades humanas tienen inercia y, al igual que está sucediendo ahora en Europa, los seres humanos nos resistimos a aceptar que ese pasado feliz, tan reciente aún en nuestra memoria, probablemente nunca regresará. Desde luego, esa misma inercia fue la que hizo pensar a millones de personas en todo el mundo que la vivienda que se acababan de comprar se revalorizaría un diez por ciento todos los años hasta el fin de los siglos.

En física, ese tipo de inercia se llama histéresis. Si sometemos a un campo eléctrico una cinta impregnada con óxido de hierro, la cinta se magnetizará. Pero si, a continuación, hacemos desaparecer el campo eléctrico, la cinta no retornará completamente a su estado inicial, sino que conservará una cierta 'memoria' de su antiguo magnetismo, que en los años 70 se utilizaba para grabar música en forma de cassettes.

En economía se habla también de histéresis cuando, en periodos de gran desempleo, los trabajadores que conservan su puesto de trabajo presionan para conseguir un nivel de sueldos desproporcionado, que impide que los desempleados encuentren trabajo de nuevo y, por lo tanto, que la economía se recupere.

La inercia y la memoria reciente parecen ser los dos grandes motores de los acontecimientos, hoy, en Europa. Los industriosos alemanes se resisten a compartir sus ahorros con países dilapidadores de un dinero que 'algún día pagarán', y quienes han vivido durante años en el cuento de la lechera se resisten a aceptar que ese futuro soñado nunca será realidad, sobre todo cuando los partidos políticos y los medios de comunicación llevan años convenciéndolos de que aquellos espejismos eran derechos adquiridos, e incluso 'conquistas sociales'.

Esta diferencia radical entre el norte y el sur de Europa parece delimitar la línea de separación entre dos grandes placas tectónicas sociales. A estas alturas, pocos en su sano juicio son capaces de imaginar una Unión Europea en la que griegos y alemanes, por ejemplo, compartirían gobernantes, horario laboral, régimen fiscal y niveles de ahorro. Difícilmente, pues, podrán seguir compartiendo moneda eternamente.

La ruptura del euro en Grecia sería (¿será?) una primera ficha de dominó que probablemente arrastre a otras en su caída. Nadie sabe cuántas, y el próximo siglo en Europa dependerá de hasta dónde llegue el tsunami si lo peor llega a suceder. La lógica de deudores y acreedores apunta a que los siguientes en la lista podrían ser España, Portugal, Irlanda, Italia y -lo siento por el ectoplasma de de Gaulle- Francia. Más o menos por este orden. Por supuesto, ninguna economía planetaria imaginable sería capaz de soportar esa cadena de seísmos, al cabo de los cuales las nuevas placas tectónicas mundiales podrían quedar claramente configuradas.

En este contraste radical de pareceres Alemania no está sola. En caso de ruptura, Holanda, Finlandia, Austria y muchos de los países de la antigua URSS podrían alinearse con ella. Al otro lado del canal, el Reino Unido se mantiene expectante: el Continente -oh, dear- podría volver a quedar aislado y, de todos modos, los British nunca simpatizaron mucho ni con el mastodonte burocrático europeo ni con la pérdida de soberanía a que se veían empujados.

El problema, como siempre, está en las fronteras. La llamada 'primavera árabe' podría terminar uniendo a los países musulmanes del norte de Africa, tradicionalmente divididos hasta ahora. Ante esa nueva realidad, el experimento turco de 'islamismo moderado' podría sentirse alentado a rememorar su pasado imperial. Al fin y al cabo, Grecia empieza a ser el flanco más débil de una exhausta Europa, y el conflicto de Chipre lleva varios decenios congelado.

Quizá por suerte para nosotros, los musulmanes también tienen sus problemas, que cabría resumir en una guerra larvada entre la sunita Arabia Saudita y la chiita Irán. Es posible que esa confrontación sorda sea lo que ha salvado a Europa hasta ahora de un futuro todavía más sombrío. Las mezquitas florecen en este continente como setas en otoño, y un desglose de nuestro crecimiento demográfico augura un futuro poco halagüeño para la tradición cristiana en la región. No digamos ya laica.

La placa tectónica musulmana tiene a su favor un arma formidable: el petróleo. No tiene capacidad militar para emprender una guerra clásica contra Europa o China, pero tampoco la tenía España para enfrentarse a las tropas de Napoleon Bonaparte. Seguramente los imanes de las mezquitas europeas predican la paz pero, en caso de conflicto, sus fieles pueden convertirse en temibles granitos de arena en el engranaje del viejo reloj europeo.

En el continente americano, la placa tectónica de Estados Unidos está más debilitada de lo que parece. Japón, probablemente el país más espartano del mundo en su actitud hacia el trabajo, lleva veinte años intentando salir de una crisis parecida, sin conseguirlo. El dólar sigue siendo la moneda de las transacciones internacionales, pero la deuda de Estados Unidos es delirante y, si se confirmara el estancamiento de su recuperación, el único imperio superviviente del siglo XX podría estar llegando a su fin.

Al sur de Estados Unidos, en cambio, las cosas parecen ir un poco mejor, aunque de manera desigual. Brasil, Chile y Colombia, y tal vez México, podrían ser un motor de prosperidad en la región en los próximos años, aunque también podrían tropezar con dos obstáculos serios en su camino: la tentación del caudillismo, siempre latente en América Latina, y la posibilidad de que, exceptuando a ellos mismos, no encuentren a nadie a quien vender sus productos.

Es el mismo problema al que posiblemente se empieza a enfrentar ya China, inmersa además en una gigantesca burbuja inmobiliaria, con un enorme porcentaje de su población todavía en la miseria, y sin la flexibilidad que le proporcionaría una verdadera economía de mercado.

Aunque, en realidad, es posible que la pieza clave en esta apasionante partida de ajedrez sea la placa tectónica rusa, a mitad de camino entre Oriente y Occidente (no sólo geográficamente). Rusia tiene la llave del gas que abastece a Europa y, de Niza hacia arriba, los inviernos son realmente fríos, hermano. Las alianzas que establezca Rusia en los próximos años serán, probablemente, las balizas que nos indiquen la trayectoria de esa curva que, nos guste o no, podría terminar depositándonos no muy lejos de la Edad Media. La Historia, a veces, tiene esos caprichos.


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jueves, 21 de febrero de 2008

Castro (Fidel)

Buenas noticias: Fidel Castro, el Comandante, el hombre que hizo la Revolución para convertir la prosperidad en miseria, la libertad relativa en opresión totalitaria, y aquella alegre La Habana de vida disipada en un gigantesco lupanar, renuncia a la Jefatura del Estado cubano (aunque seguirá siendo Secretario General del Partido Comunista). La siguiente buena noticia será su desaparición del mundo de los vivos.

Visité Cuba allá por los años 80. La alegría vital de los cubanos, en medio de aquella penuria y de aquella sórdida opresión burocrática, me impresionó. Desde entonces, Cuba es mi país soñado, el país donde me gustaría vivir. Pero no antes de que sobrevenga la segunda buena noticia.

Como testimonio de aquel viaje escribí un ecléctico soneto. En él intenté reflejar las impresiones contrapuestas que me causó el país, aquel trozo exuberante del Caribe atrapado en una camisa de fuerza policíaca que llegaba hasta los últimos rincones de la vida privada, la maraña de plantas industriales, sucias e ineficientes, que oscurecían el horizonte cuando entré por carretera a La Habana... y la vitalidad inagotable de un pueblo humillado, encarcelado y racionado pero siempre rebosante de alegría y buen humor:

PATRIA O MUERTE
(La Habana)

En ti, dos ojos verdes periscópicos
de fabulosos tríglifos soviéticos
que surcan, entre nervios antitéticos,
tu piel de oscuros seres alotrópicos.

Selvas de mástiles estroboscópicos
tachan tu cénit de humos verdiacéticos,
y reflejan tus índigos miméticos
eléctricos azúcares higrópicos.

-Con ron, bien van las colas para el pan.
-Por un cupón me dan un calcetín.
-Sin ton ni son no baila el camarón.

(Mas danza el dólar, y tras él se van
los negros, sin objeto ni confín,
por las ruinas sin fin del malecón.)

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