domingo, 27 de marzo de 2011

La bala perfecta

Odiaba las imperfecciones del Universo. El contorno absurdo de los océanos, la asimetría desafiante de la patata, el caos de las estrellas salpicando la noche. Por eso, año tras año, había trabajado, robando horas al sueño, en el gran invento de su vida: la bala perfecta. La bala que nunca se detendría. El proyectil que atravesaría los obstáculos más formidables y que, desafiando la fuerza de la gravedad, alcanzaría inexorablemente su destino. Por fin, una mañana, bajo unas nubes grotescamente irregulares, se asomó a la ventana. Con ayuda de un mapa y de una brújula, escogió fríamente su blanco y disparó.

Esa misma noche, el noticiero informó del misterioso impacto que había perforado, en su centro exacto, la pantalla de aquel cine remoto. Como si alguien hubiera querido detener en ella la imagen de un rascacielos que un terremoto de ficción estaba a punto de derribar. Sonrió, satisfecho. Era sólo un aviso. Su guerra contra el desorden había comenzado.

A la mañana siguiente se dirigió de nuevo a la ventana y contempló largamente el horizonte, recreándose en su triunfo. De pronto, oyó un silbido. La bala perfecta, que acababa de dar la vuelta al mundo, lo asesinó por la espalda.

El asesino siempre regresa al lugar del crimen.

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1 comentario:

ella dijo...

Genial...inteligente...exacto.

 
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