Es decir, fronteras borrosas. Que no tienen por qué ser más rechazables que las fronteras nítidas. ¿A quién no le ha parecido absurdo alguna vez tener que detenerse ante un semáforo en rojo que, en ese punto y hora, era evidentemente innecesario?
Incluso fronteras tajantes como esta han de desdibujarse a veces ante prioridades más perentorias: en ciudades con alto nivel de delincuencia, los semáforos se vuelven neutros a partir de cierta hora de la noche, para evitar peligros propios de las junglas de asfalto.
Curiosamente, a nadie se le ha ocurrido todavía ordenar que los semáforos estén siempre en rojo, para evitar totalmente los accidentes. Los semáforos son de cumplimiento obligatorio, pero expresan una convención social fundamentada, en gran medida, en razones prácticas: si no nos ponemos de acuerdo en quién pasará primero, o en si conducimos (todos) por la derecha o por la izquierda, el transporte será un caos. ¿Tienen, pues, ideología los semáforos? Yo diría que no.
Para que todos las cumplan, las convenciones se constituyen en leyes. Una ley es ya un paso más allá de la mera convención, porque implica la existencia de policías que la hagan cumplir y de jueces que penalicen su incumplimiento. Las convenciones están basadas en acuerdos libres entre personas libres de avenirse o no. Las leyes están basadas en la realidad de que muchas personas pueden más que una persona.
Es una vieja fórmula: el interés de la mayoría siempre prevalece. Claro, que habría que definir claramente qué se entiende por mayoría y hasta qué punto la imposición de sus intereses es tolerable para los individuos que no los comparten. La democracia, en el primer caso, y los derechos humanos en el segundo son aproximaciones más o menos tolerables a la solución de un problema que, probablemente, no tiene solución: la naturaleza del ser humano.
Otras veces, sin embargo, la realidad es que unas pocas personas pueden más que todas las demás juntas. Es el caso de las dictaduras. Una dictadura puede reflejar en mayor o menor medida los intereses de la sociedad, pero generalmente refleja la propia ideología de los dictadores. Hace muchos años recuerdo haber visto, junto al palacio presidencial del dictador Duvalier, en Puerto Príncipe, un enorme cartel que declaraba que la democracia y la libertad eran el bien más sacrosanto de los pueblos y el fundamento irrenunciable del Gobierno de Haití. Cuentan que, en aquella misma mansión, Duvalier tenía el comedor decorado con las cabezas de sus enemigos (que eran casi todos de su propia familia), y a pocos metros de aquel palacio despampanante me encontré con un barrio de chabolas inmundas a cuyos habitantes, según comprobé, se les respetaba en aquel momento el derecho de respirar.
En realidad, la historia de las sociedades está directamente determinada por la capacidad de convicción de sus gobernantes. Sean o no dictaduras, las sociedades cuyos líderes no convencen son inestables, y por eso los gobernantes, al igual que las empresas, utilizan tan a menudo un recurso propio, equivalente a la publicidad: la ideología.
La ideología es una maravilla: cohesiona a las masas, refuerza las estructuras de poder, y simplifica muchísimo los razonamientos: el mundo se divide en buenos y malos. Y nosotros somos los buenos. Punto. Alguien podría pensar que estoy describiendo no las ideologías, sino las religiones. Cierto. Pero si las llamasen religión perderían adeptos y, en el mundo moderno, para hacer publicidad hay que saber guardar las formas.
Lo cual nos lleva a una conclusión no tan inesperada: el mundo no está en manos de los políticos, sino de los medios de comunicación. Porque, para poder convencer, los políticos necesitan de los mass media, esos profetas del mundo moderno que difunden entre los mortales la Verdad y la Palabra.
Sólo que, con el paso del tiempo, los profetas se han modernizado. Y es que por fin han comprendido que una Imagen vale más que mil Palabras.
jueves, 14 de agosto de 2008
Penumbras
a las
15:18
0
comments
Palabras clave: convenciones, ideología, leyes, mass media, medios de comunicación, políticos, profetas, religiones
jueves, 7 de agosto de 2008
Galaxy Zoo
Este es el nombre de un sitio web que he encontrado, en el que se puede colaborar clasificando galaxias. Fijáos en esta maravilla que acabo de encontrar:
Hermosa, ¿no? El caso es que hay ya millones de galaxias fotografiadas, muchas más de las que un solo puñado de investigadores podrá clasificar a lo largo de toda su vida, incluso dedicándose a ello a tiempo completo. Por eso estos astrónomos han pedido la ayuda de voluntarios de todo el mundo. Si alguno de vosotros tiene ganas de ayudar, os aseguro que no es difícil. Basta con un pequeño entrenamiento para acceder a la primera fase del proceso.
Hay dos tipos básicos de galaxias; elípticas, y en espiral. No siempre es fácil reconocer si estamos ante uno u otro tipo. Las imágenes que nos muestran rara vez son tan nítidas como en este ejemplo, y a menudo nos encontraremos con galaxias fotografiadas 'de canto'. Pero lo más interesante es cuando nos encontramos con dos galaxias en proceso de fusión (¿o debería decir 'colisión'?). Muchos astrónomos creen que las galaxias en espiral podrían tener su origen en la fusión de dos galaxias, elípticas o no. Pero ningún científico dispone de unos cuantos millones de años para contemplar ese proceso de principio a fin, por lo que tendremos que recurrir a un truco: 'sorprenderemos' a muchas galaxias en distintas fases de ese proceso y, fotograma a fotograma, construiremos una película.
Además, es también importante comprobar si se cumple o no un supuesto básico de la astrofísica: el Universo no tiene preferencias. Si algún día alguien averigua que hay más galaxias que giran a izquierdas que galaxias que giran a derechas, entonces llamad a Houston, porque tenemos un problema.
En realidad, el problema lo tenemos ya de todos modos, porque allá por los años 50 varios físicos descubrieron un fenómeno inquietante: en las interacciones débiles, la paridad no se conserva. En otras palabras, las leyes de nuestro Universo no son exactamente simétricas (a menos que exista una mitad simétrica de este Universo que nosotros nunca hemos visto). Pero hoy es ya muy tarde y me tengo que ir a la cama. Otro día explicaré algo sobre este importante descubrimiento.
domingo, 11 de mayo de 2008
La ola
Cuando uno publica para un planeta redondo en cuya superficie se persiguen sin pausa el día y la noche, las estadísticas de audiencia se asemejan a las olas de un mar.
Veamos. Ricky Mango publica un episodio de su podcast a las 6 de la tarde en algún lugar del Mediterráneo. Es buena hora para los oyentes de Europa, que empiezan a afluir. El aflujo seguirá aumentando hasta las 11 o 12 de la noche, y después de esa hora la audiencia irá desertando poco a poco. La ola decae.
Pero no por mucho tiempo. A partir de las 2 de la madrugada, mis fieles seguidores de California y de Denver estarán ya dispuestos para tomar el relevo, más o menos antes de cenar. Pronto se les sumarán mis oyentes mexicanos, neoyorkinos, tejanos y miámicos, y en pocas horas toda América Latina estará asomándose ansiosa al podcast para escuchar el nuevo programa de Ricky Mango.
La ola empieza a perder altura a eso de las 7 de la mañana, hora europea. En Buenos Aires se está haciendo tarde. Las ocurrencias de Rick no le quitan el sueño a nadie, y también en América tiene uno derecho a dormir. Es un momento duro para el ego de R.M. Casi todo el planeta parece ausentarse del podcast. A veces algún despistado de Australia parece querer curiosear pero, en conjunto, durante unas breves horas las estadísticas del podcast se quedan planas.
¿Quién dijo angustia existencial? Sólo tres horas después, hacia las 10 de la mañana, un par de tímidos residentes en Japón están ya atisbando de nuevo. ¿Estarán merendando sushi? La actividad renace. Los primeros oyentes de Beijing se asoman al podcast, y después de ellos Taiwán y Shanghai se suman con alborozo. Ese charlatán que cuenta historias en español siemple los solplende.
Son la última ola antes de recomenzar el eterno retorno. Ocho horas después, el silencio se ha apoderado de China, y el planeta entero parece querer descansar del pertinaz Ricky.
Pero la ilusión es fugaz. Antes de que el silencio sea total, un primer oyente desde Turquía pincha el botón Play y rompe el hechizo. En Alemania están también aguardando, expectantes, a terminar de cenar para poder oír esa primera frase siempre prometedora:
'Ricky Mango presenta..."
a las
20:26
0
comments
Palabras clave: América, América Latina, Australia, Beijing, cenar, dormir, eterno retorno, Europa, planeta, podcast, Ricky Mango, sushi, Turquía, zonas horarias
lunes, 14 de abril de 2008
Palíndromos
Una de mis aficiones, tiempo ha, eran los palíndromos. Como era esta una palabra que siempre se me olvidaba, yo los llamaba 'frases capicúa', catalanismo tolerable teniendo en cuenta que yo todavía no había vivido en Barcelona.
Por si alguien no sabe lo que es un palíndromo, se trata de una frase que da el mismo resultado leyéndola a derechas que a izquierdas.
Es muy difícil encontrar un palíndromo que responda mínimamente al sentido común. La mayoría de los palíndromos son inverosímiles, y esa cualidad los hace, para mí, irresistiblemente atractivos.
Durante una larga temporada -como mínimo, meses-, me dediqué a construir palíndromos, al principio con el único objetivo de mejorar el más famoso de todos: Dábale arroz a la zorra el abad. Recuerdo haber leído en alguna novela de algún autor sudamericano unos cuantos palíndromos sorprendentemente buenos, pero no estoy seguro de que fueran más largos que el del abad nutriente.
Cuando el número de palíndromos que se acumulaban en papeles sueltos y cuadernos a mi alrededor empezó a ser considerable, empecé a anotarlos ordenadamente en un cuaderno de anillas. Por aquel entonces, la palabra 'computadora' evocaba una habitación gigantesca de algún edificio de IBM, llena de paneles, cables y mandos de ciencia-ficción. La extracción e inserción de hojas en el cuaderno de anillas era lo más parecido a borrar y pegar texto en una pantalla.
Creo que reuní cien, quizá doscientos palíndromos, muchos de ellos tan simples como 'Ana gana' o '¡A por ropa!'. Uno de los más largos me hacía particularmente gracia:
La Greta Garbo jabonó bajo braga tergal
Mi amigo Pepe, que estudiaba matemáticas, siempre decía que aquella frase no tenía sentido, y es cierto que queda un poco cojitranca, pero a mí me encantaba. Lo fascinante de los palíndromos 'insensatos', que son la mayoría, es su capacidad para evocar imágenes surrealistas. Yo siempre adoré el surrealismo, porque sus combinaciones de palabras dislocadas eran una ventana abierta a la fantasía y, durante unos instantes, me liberaban de una de las cosas que más odio: la monotonía, la rutina, los convencionalismos.
La primera frase que evoco cuando pienso en la poesía surrealista es un verso suelto de Rafael Alberti, que leí en la legendaria Antología del 27, de Gerardo Diego:
una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio
Esta media frase da, por sí sola, para unas cuantas novelas. Imaginar todas esas posibles novelas en la fracción de segundo que tardamos en leerla es una experiencia casi olímpica. (Me estoy refiriendo a los cielos de Zeus y su tropa, no a esas llanuras con rayas donde compiten dopados supermanes en paños menores).
En poesía, mis surrealistas favoritos eran Vicente Aleixandre y Juan Eduardo Cirlot. Cirlot era el ristretto de la poesía surrealista: un concentrado denso y fuerte de sabor de imágenes deslumbrantes. Y Vicente Aleixandre era el hijo primogénito de Góngora, la presencia evocada de Ulises y del único mar que adoro de corazón: el Mediterráneo.
Sobre Góngora escribiré en otra ocasión. Se merece un episodio en exclusiva.
Mi obsesión por los palíndromos llegó a un punto en que, en lugar de leer los textos normalmente, los leía del revés. Cuando me descubrí a mí mismo una noche invirtiendo mentalmente las noticias habladas de la televisión, comprendí que tenía que echar el freno, y abandoné en un rincón mi cuaderno de anillas.
Reproduciré aquí algunos de aquellos palíndromos que más me divierten:
Atila, sal a la salita
Allí Dora le ve la rodilla
¡A remar allá, ramera!
Allí trota la tortilla
A ti te sobra garbo, setita
A la tímida, dimítala
A ti, modoso sodomita
Aúpa la púa
Añora la roña
Arrímale la mirra
Así olerá más a mar, Eloísa
A tal latoso, tal lata
Atar al rabo sin rajar ni sobar la rata
Aparta, sátrapa
Até y abusé de su bayeta
A ti no, bonita
Amiga, no gima
Ana, nabo no, banana
Abades: esa se daba al abad. El le daba, la abadesa se sedaba
Alejo, mójela
Alemana, sánamela
Abajo me mojaba
Daba la loca la col al abad
Hala, viva la H
Isaac ataca así
Es raro dorarse
Es Nerón en Orense
El boro da luz al azulado roble
Edipo lo pide
La tropa da cal a cada portal
La diva muere de reúma, Vidal
La mete mal
La renegada es aseada, general
Le va Ravel
La moto botó mal
Oí "Ramón", no "Mario"
"Oíd", añadió
Onán es enano
No subas, abusón
No molas, Salomón
No traces en ese cartón
Ni la tsé-tsé: para peste, Stalin
Oye, sólo lo sé yo
Ordago va, Avogadro
Sacará maracas
Sal o calla, Colás
Salta ese atlas
Robaban a babor
Yo hago yoga hoy
Zeus, asoma, vamos a Suez
Y por sílabas:
¿Ves, Remigio, mi revés?
Pon 'Japón'
Depílese, se le pide
Adela se ladea
Jódeme, que me dejo
Tocaré con recato
Tocaré sin recato
a las
17:53
1 comments
Palabras clave: Aleixandre, Cirlot, surrealismo
viernes, 11 de abril de 2008
Lingüística para tontos. IV - La topología
(Comienzo)
Si me hablan de la Mona Lisa y vivo en París, probablemente seré capaz de situarla en un mapa mental con gran exactitud. Pero ¿qué hacer si me hablan de Nessie (el monstruo del lago Ness) y toda mi vida he vivido en una tribu del Amazonas, sin contacto con el mundo exterior?
En tal caso, es de suponer que mi representación mental de Nessie no me servirá ni para llegar a Escocia pero, aún así, seré capaz de representarme la Tierra como una esfera (¡tal vez incluso como un plano!), en ella una isla, en la isla un lago, y en el lago un animal cuyo aspecto desconozco. Mientras yo no dé forma concreta a esas isla, lago y animal, su representación navega libremente en mi mente por mares topológicos.
Esto nos sugiere que, para interpretar el lenguaje humano, nuestra mente asienta la información en estructuras topológicas. A falta de más datos, nos conformamos con saber que una isla es una superficie dentro de otra y que Nessie es un objeto tridimensional metido dentro de un volumen. O, simplificando aún más, un punto situado en algún lugar de una superficie. En otras palabras, la representación de un concepto no nos plantea problemas mientras sus fronteras estén claras y el concepto no se 'rompa'. Respetando estas reglas, nuestro concepto es moldeable.
La representación del habitante del Amazonas es una buena forma de comprimir la información. Supongamos que hemos representado digitalmente la imagen de una isla -rodeada de agua- así:
0 0 1 1 1 1 0 0
0 0 1 1 1 1 0 0
0 0 0 0 0
0
0 1 0
0
(Continuación)
a las
16:48
0
comments
Palabras clave: concepto, conjunción, conjuntos, disyunción, representación, semántica, topología
martes, 8 de abril de 2008
Lingüística para tontos. III - La información
(Comienzo)
La idea de que podemos analizar el lenguaje humano en términos de categorías nos viene de perillas, porque nos permite contemplar el lenguaje como una herramienta para lo que todos sospechamos que es su finalidad principal: transmitir información.
En los últimos años se ha puesto de moda la información digital. Estamos todavía en un estadio primitivo de la civilización, y para manejar la información no sabemos hacer nada mejor que trocearla. El cine trocea el movimiento en fotogramas, y las técnicas digitales trocean el sonido o la imagen en 0s y 1s. Es un trabajo de hormiguitas convertir la novena sinfonía de Beethoven en 0s y 1s, pero tenemos esclavos que lo hacen por nosotros: las computadoras.
Al igual que las hormigas, preocupadas únicamente por acarrear o no un grano de polen sin interesarse demasiado por la estrategia alimentaria de su hormiguero, la información digital no describe las relaciones internas de las cosas que construye: simplemente, junta ladrillos. Ladrillo a ladrillo, aporta información. Y sólo usa dos tipos de ladrillos: los 0s y los 1s.
Pero ¿aporta información con independencia de quién la reciba? Evidentemente, no. Cada vez que un sistema digital escribe un 0 o un 1, la información sólo puede ser útil para el destinatario, que ignoraba si el próximo ladrillo sería un 0 o un 1. Eso sí, tenemos que presuponer que el destinatario conoce previamente dos cosas: dónde deberá colocar cada nuevo ladrillo (en este caso, a continuación del anterior), y qué clases de ladrillo puede recibir (es decir, un 0 o un 1).
Y con esto regresamos al lenguaje humano. Probablemente sin saberlo, el receptor de la informacíón digital está utilizando mentalmente una estructura (un ladrillo a continuación de otro) y una categoría ({0, 1}). El lenguaje humano es más complejo. Las palabras se pronuncian, o se escriben, en fila india, pero para poder darles un sentido hay que recolocarlas mentalmente. Si te explico que ayer vi a tu prima con un telescopio, probablemente te preguntes si es que yo vi-con-un-telescopio a tu prima, o si lo que realmente vi fue a tu-prima-con-un-telescopio.
Hemos identificado, pues, los dos elementos básicos de la información y, posiblemente, del lenguaje, entendido como rompecabezas: (1) dónde colocar las piezas, y (2) qué piezas colocar.
El lector impaciente me preguntará ahora "¿Y qué demonios tiene que ver la topología con todo esto?" Calma. A eso vamos.
(Continuación)
a las
22:48
0
comments
viernes, 4 de abril de 2008
Lingüística para tontos. II - Estructura de las categorías
(Comienzo)
De manera que la mente humana invoca categorías para atribuir significados a las palabras. Pero, ¿cómo son esas categorías? ¿Cómo se comportan? ¿Tienen estructura?
Es fácil ver que sí. A título experimental, sustituyamos el nombre de la categoría por una palabra desconocida, y veamos qué ideas nos invoca (así es como todos aprendimos a entender a los demás y a hablar en nuestro idioma):
1 - La salsa sabía demasiado traxa, de modo que le añadí más ajo
2 - Estuve esperando desde el mediodía hasta la traxa
3 - Las franjas azul, traxa y amarilla de su falda
4 - Bugs Bunny se convirtió en una traxa, y después en un burro
5 - Mi amigo Luis vive en la traxa de la montaña
En cada una de estas frases, la palabra traxa apunta a una categoría diferente. En el primer caso, apostaríamos a que esa palabra denota un sabor. En el segundo ejemplo, una referencia horaria. La tercera traxa parece ser un color, y la cuarta, una forma dibujada. La traxa de una montaña bien podría ser una parte de su superficie, del mismo modo que una ladera, una cima o una escarpadura. Pero la estructura de cada una de esas categorías es distinta de las demás. Tratemos de resumir lo que tenemos entre manos:
1 – una diversidad de conceptos individuales, difusamente conectados entre sí (sabores)
2 – una continuidad de conceptos que conectan linealmente el mediodía con la traxa (valores de tiempo)
3 – una diversidad, o una continuidad, de conceptos (colores)
4 – una continuidad de conceptos que puede transformar, por ejemplo, una traxa en un burro (formas animales e intermedias)
5 – una estructura común a todas las montañas, cuyos elementos estarían delimitados por rasgos de su superficie (partes identificables de una montaña)
Analicemos esto en detalle. Se puede pasar del sabor salado al dulce reduciendo progresivamente sal y añadiendo azúcar, y lo mismo cabe decir de cualesquiera otros dos sabores pero, ante un sabor intermedio, no disponemos de elementos de referencia para determinar en qué punto exacto de la transición nos encontramos. El tiempo, sin embargo, no se comporta de la misma manera que los sabores. Nos parece que un acontecimiento está tanto más lejano cuanto más se adentra en el pasado, pero no podemos saber cuán cercano está el momento en que veremos esa estrella fugaz. Cualquier cosa que acontezca entre un suceso y el siguiente, sin embargo, podemos situarla con exactitud en el tiempo… por ejemplo, utilizando un reloj. Y podemos hacerlo de manera unívoca: no concebimos dos trayectorias diferentes a lo largo del tiempo para pasar de un instante a cualquier otro instante.
Las gamas de colores son categorías bastante familiares para quienes trabajan con espectrómetros o para quienes, simplemente, estudian el catálogo de una tienda de telas. Al igual que el tiempo, las gamas de colores tienen una estructura lineal. Pero, a diferencia del tiempo, que es ilimitado tanto hacia el futuro como hacia el pasado, la gama de los colores se cierra sobre sí misma: su estructura es circular.
La categoría a la que pertenece Bugs Bunny se diferencia de las categorías anteriores en que no tiene una sola dimensión, sino dos. Bugs Bunny es capaz de transformarse casi en cualquier cosa, pero hay infinitas maneras de convertirlo en una marmota. A lo largo de una de esas transiciones, las formas intermedias entre Bugs y la marmota nos recordarán a Bugs durante un tiempo, nos parecerán después irreconocibles durante algunos instantes, y a continuación nos recordarán cada vez más claramente la figura de una marmota.
La estructura de una montaña tiene tres dimensiones. Podemos imaginarla como un rompecabezas cuyas piezas se acoplan en sus bordes, y podemos deformarla en nuestra mente hasta que sea irreconocible como montaña, pero no podemos imaginar un proceso continuo que transforme una parcela de su superficie en otra.
Todas estas propiedades de las estructuras nos recuerdan irresistiblemente una rama de las matemáticas que se denomina Topología.
(Continuación)
a las
20:56
0
comments
martes, 1 de abril de 2008
Lingüística para tontos. I - Categorías
"Estoy viendo una película".
La expresión de Atenea, esta vez de estupor, no es de extrañar. Mi frase no le ha aportado ninguna información. Ella ya sabe que yo estoy viendo una película. Su cerebro trabaja intensamente. ¿Qué habré querido decir?
Esta es probablemente la primera premisa de la comunicación. Cuando un mensaje está adecuadamente formateado, consideramos que tiene asociado un significado y, por consiguiente, hay que interpretarlo. Gracias a este mecanismo somos capaces de comprender sin dificultad a aquel extranjero que nos aborda en mitad de la calle y nos dice, por ejemplo: "lugar barato comer".
De esas tres palabras mal pronunciadas y ajenas a nuestra sintaxis surge inmediatamente en nuestras mentes un significado, y nuestra conjetura de ese significado pronto se confirma. Gesticulando, le explicamos a nuestro interlocutor cómo se llega a la tasca de Pepe; le indicamos, relamiéndonos ostensiblemente, que Pepe cocina una paella exquisita, y se va muy contento en la dirección indicada.
Lo que mi interlocutor y yo hemos identificado, gracias a un discurso desprovisto de sintaxis y ayudado de signos visuales, es el significado de nuestros mensajes. Pero ¿én qué consiste ese significado? ¿En qué lugar de nuestra mente se encuentra? ¿Tiene alguna estructura?
Para responder a estas preguntas conviene regresar al ejemplo de la película de bucaneros. ¿Qué es lo que hace el cerebro de Atenea mientras ella me mira atónita en el cine? ¿Qué diablos querría yo decir cuando declaraba que estaba viendo una película?
A mi amiga se le ocurren varias posibilidades. Tal vez hace mucho tiempo que yo no veía una película, y únicamente le estoy expresando mi alegría. O quizá soy funcionario en el archivo de una filmoteca, y me paso los días colocando películas en las estanterías sin llegar nunca a verlas. O soy un fanático del teatro y en esta ocasión, excepcionalmente, he acudido al cine.
"Últimamente, no veía películas. Ahora, estoy viendo una película"
"Normalmente, manejo películas. Ahora, estoy viendo una película"
"Normalmente, veo obras de teatro. Ahora, estoy viendo una película"
estoy haciendo algo: {no viendo una película, viendo una película}
estoy X una película
estoy viendo X
y, a continuación, ha dejado que se formen en su mente espontáneamente las categorías X. La información que ella está empeñada en extraer de mi mensaje dependerá de cuáles sean esas categorías. Ella ha interpretado que yo le estoy señalando un caso particular de algo, y por eso su mente se ha esforzado por identificar todas las categorías que es capaz de construir a partir de mi mensaje, a fin de poder interpretarlo como un caso particular.
Si en lugar de ir al cine con Atenea nuestra conversación se hubiera mantenido por teléfono, como en el primer ejemplo, el proceso habría sido más simple pero, en esencia, no diferente. Simplemente, mi amiga habría evocado una categoría de actos habituales o verosímiles en el hogar un lunes a las nueve y cuarto de la noche:
estoy X: {comiendo, durmiendo, leyendo, viendo una película, ...}
La pregunta que se plantea a continuación es casi inevitable: ¿A qué conclusiones podemos llegar si analizamos todas las palabras de un lenguaje en términos de categorías?
(Continuación)
a las
15:01
0
comments
Palabras clave: categorías, información, lingüística, semántica, significado
viernes, 21 de marzo de 2008
Sorpresas
Esta misma tarde he entrevistado, por fin, a Fernando Savater. De todas las entrevistas que tenía previstas, esta era la que más me ilusionaba. Sin embargo, contra todo pronóstico, me ha decepcionado.
Después de darle unas cuantas vueltas al asunto, he llegado a la conclusion de que este hombre, probablemente, estaba hoy de mal humor. Es la interpretación más benévola que se me ocurre. Ya sé que todos evolucionamos y que, con los años, se nos atenúa en mayor o menor grado el espíritu rebelde de la primera juventud. Pero Fernando Savater tiene, todavía hoy, muchas cosas contra las que rebelarse. De hecho, incluso se juega la vida desde hace muchos años, y esa sola circunstancia me impide ser beligerante con él.
Pero vayamos por partes.
El primer indicio de que algo iba mal lo he percibido ya en la primera respuesta. "Tengo entendido que tú fuiste ávido lector de novelas de aventuras", he comenzado diciendo. "¿Tu vocación por la filosofía avanzaba paralelamente a aquella afición, o hay un camino que conduce de la novela de aventuras a la filosofía?"
Parece evidente que yo me estaba refiriendo aquí a sus lecturas infantiles. Recuerdo haberle oido, o leído, declarar que en su infancia había devorado las novelas de Sandokán. Mi pregunta parece legítima. ¿Habrá algo en las novelas de los mares del Sur que pudiera incitar a emprender el camino de la filosofía? Pocos más apropiados que él para contestar.
Confieso que me esperaba otra respuesta. No encuentra ninguna relación entre ambas cosas. Ahá. Una pasión infantil y una vocación intelectual: dos compartimentos estancos. Suena un poco raro, pero de todo hay en la viña del Señor. Me pongo en su lugar. Yo estudié física estimulado por los libros de ciencia ficción, y el relato bíblico de la Torre de Babel despertó en mí, a muy temprana edad, la pasión por la lingüística. De hecho, todo lo que leía de niño desataba mi fantasía y mi curiosidad.
Pero ya su respuesta contenía algún elemento inquietante: ha empezado puntualizando que todavía es un lector asiduo de la literatura 'popular'. Cosa que yo no había puesto en duda. "Me consta que eres un lector avezado de todos los géneros", le había dicho yo casi de entrada. Never mind. El primer escollo había asomado a la superficie.
Y era sólo el comienzo. A continuación, una pregunta suavemente provocativa. "¿Contra qué filósofos te sientes más cómodo argumentando?" Yo había construido cuidadosamente mi pregunta. Una cosa es "sentirse cómodo argumentando" y otra es "descartar". Sin embargo, él contesta inmediatamente que "Si son filósofos, no me atrevería a descartar ninguno". La cosa huele a corporativismo. ¿No habrá ningún filósofo nacionalista que a Fernando Savater le agrade rebatir? La Alemania de Hitler tuvo unos cuantos. Por no mencionar a Cioran, con quien Fernando en su juventud parece haber tenido afinidades, y que había empezado siendo un hitleriano declarado.
Naturalmente que uno no rebate personas, sino argumentos, pero, para poder rebatirlos, alguien tiene que haberlos expuesto. Bertrand Russell, filósofo al que él admiró, argumentaba sin cesar contra tirios y troyanos. Mi pregunta era animosa sólo en el sentido intelectual.
Era sólo el comienzo. En ese momento ha empezado la tormenta eléctrica. "Me da la impresión de que estás escurriendo el bulto", he comentado. Entonces él me ha respondido que de ningún modo. Resulta que mi pregunta "en sí misma, es una bobada" y "no tiene contenido". Ver para creer: al pronunciar esas palabras ¡estaba argumentando contra mí! Pero, claro, yo no soy "un filósofo"...
El resto de sus respuestas han sido del mismo tenor. Empezaban descalificando mis preguntas, para a continuación contestarlas. El rifirrafe sobre Sherlock Holmes que ha venido a continuación era en realidad un cruce de afirmaciones con Wikipedia, que es de donde yo había sacado la información sobre Conan Doyle. Todavía no sé si era él, y no Wikipedia, quien tenía razón, pero mi entrevista era sagrada. Yo tenía que guardar la calma, y ni en esa ni en las demás ocasiones he querido polemizar.
En tal tesitura, mi pregunta siguiente venía al pelo, de manera que he aprovechado la ocasión para porfiar un poco en el asunto: "Replantearé mi pregunta: ¿Qué filósofos malditos te caen más simpáticos?"
"Es que tampoco hay filósofos malditos. Sigues estando fuera de tiesto", ha sido el comienzo de su respuesta. La cosa empezaba a sonar ya a lección magistral. Aquí me ha dado la impresión de que el eximio catedrático empezaba a pasarse un poco. Hay una cosa que se llama 'buena voluntad', y a Fernando Savater, por lo visto, hacía tiempo que se le había terminado.
"Ha habido poetas malditos y poesía maldita", me he defendido yo. "¿Por qué la filosofía no puede tener ese privilegio?" "Todos esos que son malditos, lo que les sobra es una letra: muchas veces son 'malitos'. Lo que pasa es que, para prestigiarse, creen que son malditos." Bien. Deduzco, pues, que Baudelaire era un mal poeta y que Nietzsche era un mal filósofo. Para no hablar por hablar, escribo en Google las palabras "Nietzsche maldito", y obtengo 66.700 respuestas. La confusión empieza a apoderarse de mí. A este entrevistado, hoy le pasa algo.
Pero mejor no sigo. Basten para muestra estos pocos botones.
En realidad, todo esto confirma mis sospechas. Excepto Mauricio Sotelo, el adorable Mauricio casi adolescente que conocí en Viena y que sigue manteniendo un espíritu fresco como la primavera, he tenido la impresión de que los demás entrevistados no se esperaban el tipo de preguntas que les he hecho. Lo cual me parece anómalo. ¿Sólo se puede hablar de política en un país normal? En España, al menos, así lo parece.
La vorágine de la política, me temo, ha engullido a los intelectuales españoles. Lo peor de todo: la política, tal como está últimamente planteada en España: en términos de bandos. Hoy seré bueno y no utilizaré la palabra 'sectas'.
Ante una situación así, qué puede uno balbucir. Mejor tomárselo a broma. Recuerdo que, tiempo atrás, se oía una frase que siempre me gustó mucho:
Que paren el mundo, que me quiero bajar.
---------------------------
a las
22:59
0
comments
Palabras clave: Baudelaire, Cioran, entrevistas, Fernando Savater, filosofía, literatura, Mauricio Sotelo, poetas malditos, política española, Ricky Mango, Sandokan, Sherlock Holmes
miércoles, 12 de marzo de 2008
Ciudadano López
El ciudadano terráqueo López XH98 dejó en el suelo su escafandra interestelar y se acercó a mirar la vieja radio. A aquellas horas, el mercadillo del planeta Neptuno bullía de actividad. En su mayoría, pensionistas aburridos, como él, que llevaba ya cuarenta años de jubilación dando vueltas por la Vía Láctea. La radio era muy antigua. Nunca había visto un modelo como aquel, tan verde y tan dócil. Se inclinó sobre el aparato, le acarició la rodilla, y enarcó las cejas, sorprendido. Vivía todavía. Tiene varios siglos, dijo entonces el vendedor. Pero, ¿funciona? Acérquese a escuchar: es la que está sonando. Entonces López se encogió de hombros y ofreció al vendedor su huella dactilar. Por dos miserables biocréditos tendría entretenimiento para unos cuantos días en la tediosa pensión de Saturno.
...
a las
16:34
0
comments
Palabras clave: eternidad, futuro, libertad, totalitarismo