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domingo, 4 de enero de 2026

¿Yogurt o sinfonías?

Demasiada gimnasia –afirmaba Sócrates– embrutecía a las personas, y demasiada música las debilitaba. 


¿La música tiene algún efecto sobre la salud?


domingo, 4 de junio de 2017

Microcosmos

Sí. Ya sé que es el título de una composición de Béla Bartók, pero es la palabra que acudió a mi mente ayer, mientras escuchaba esta otra composición:


Los años pasan, pero las obras no siempre perviven. La fama universal no es necesaria. No es necesario recibir el nombre de una calle, o figurar en los libros de texto o en algún museo, renombrado o no. Pero a uno sí le gustaría que su obra perviviera, aunque fuese en un diminuto microcosmos integrado por personas que vienen e, inevitablemente, se van con el paso de los años. Familiares, amigos, admiradores, curiosos, aprendices. Un microcosmos con memoria que recuerde, inspire y -quizá también- emocione a futuras generaciones. Exactamente igual que fuera del microcosmos.

La dimensión verdadera del ser humano no es cósmica, sino microcósmica, y tal vez el mundo sería más habitable si en lugar de grandes palabras usáramos simplemente palabras cotidianas, y si en lugar de clamar por el orden y la justicia universal nos limitáramos a buscar la armonía con quienes nos rodean. La belleza o la justicia, la compasión, el amor o el orden social, todo es siempre más fácil a escala microcósmica. Goethe lo llamó "afinidades electivas". Las aspiraciones universales, y más en los tiempos que corren, llevan siempre en su seno la tentación del totalitarismo.

La jornada que viví ayer -concierto en familia, comida y música entre amigos- fue una modesta aportación a esa visión utópica de una armonía universal a escala humana. Una armonía desigual, desordenada y subversiva, en perpetuo reajuste y -quizá lo más importante de todo- con microhistorias colectivas. La armonía de las esferas: un mundo con capacidad para sorprender, compuesto de seres humanos y de microcosmos por descubrir.

[La grabación reproduce una composición de Vicente Gil, interpretada por miembros y amigos de la familia Gil Arráez el 3 de junio de 2017 en un pequeño escenario de un almacén de pianos, en la localidad de Griñón, cerca de Madrid]

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jueves, 21 de febrero de 2008

Castro (Fidel)

Buenas noticias: Fidel Castro, el Comandante, el hombre que hizo la Revolución para convertir la prosperidad en miseria, la libertad relativa en opresión totalitaria, y aquella alegre La Habana de vida disipada en un gigantesco lupanar, renuncia a la Jefatura del Estado cubano (aunque seguirá siendo Secretario General del Partido Comunista). La siguiente buena noticia será su desaparición del mundo de los vivos.

Visité Cuba allá por los años 80. La alegría vital de los cubanos, en medio de aquella penuria y de aquella sórdida opresión burocrática, me impresionó. Desde entonces, Cuba es mi país soñado, el país donde me gustaría vivir. Pero no antes de que sobrevenga la segunda buena noticia.

Como testimonio de aquel viaje escribí un ecléctico soneto. En él intenté reflejar las impresiones contrapuestas que me causó el país, aquel trozo exuberante del Caribe atrapado en una camisa de fuerza policíaca que llegaba hasta los últimos rincones de la vida privada, la maraña de plantas industriales, sucias e ineficientes, que oscurecían el horizonte cuando entré por carretera a La Habana... y la vitalidad inagotable de un pueblo humillado, encarcelado y racionado pero siempre rebosante de alegría y buen humor:

PATRIA O MUERTE
(La Habana)

En ti, dos ojos verdes periscópicos
de fabulosos tríglifos soviéticos
que surcan, entre nervios antitéticos,
tu piel de oscuros seres alotrópicos.

Selvas de mástiles estroboscópicos
tachan tu cénit de humos verdiacéticos,
y reflejan tus índigos miméticos
eléctricos azúcares higrópicos.

-Con ron, bien van las colas para el pan.
-Por un cupón me dan un calcetín.
-Sin ton ni son no baila el camarón.

(Mas danza el dólar, y tras él se van
los negros, sin objeto ni confín,
por las ruinas sin fin del malecón.)

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